“Si asesinan a otro de nuestros líderes, nos vamos todos de aquí”. Así, de manera enfática, se pronunció Carlos*, habitante de la vereda Los Medios, del municipio de Granada,  en el Oriente de Antioquia, al referirse a la tensa calma que se vive en este caserío tras el asesinato de Enrique Giraldo, líder comunitario de la región, ocurrido la noche del pasado 17 de septiembre.

Han pasado cerca de dos meses desde aquella noche y los hechos que rodearon la muerte del dirigente campesino aún son un misterio. Los rumores de ajusticiamientos contra otros líderes de esta vereda no cesan y la presencia de gente extraña buscando información sobre los habitantes y sus actividades es continua. Entre los granadinos allí residentes resurgieron temores que se creían cosa del pasado.

La tensión es aún mayor entre los miembros de la Junta de Acción Comunal de Los Medios, pues sienten que el asesinato de Giraldo fue un atentado contra el trabajo comunitario. De hecho, uno de los miembros de la Junta ya abandonó la región, pues según versiones de varios labriegos, “esa noche también lo iban a matar a él. Lo que pasa es que los asesinos no supieron cuál era su casa”.

A la espera de salir también de la zona se encuentran otros tres campesinos, quienes ahora solicitan ayuda de organizaciones no gubernamentales y de la Administración Municipal pues temen por sus vidas. “Nos han dicho que nos cuidemos, porque nos puede pasar lo mismo que le pasó a Enrique”, manifestó Fabio*, otro de los afectados.

¿Quién podría estar poniendo en riesgo la vida de estos pobladores y por qué razón? Nadie se atreve públicamente a formular hipótesis alguna. Sin embargo, este líder amenazado expuso varios antecedentes que revelan que en zona rural de Granada están ocurriendo “cosas muy sospechosas”.

El primero de ellos tiene que ver con las denuncias recopiladas en agosto pasado por organizaciones defensoras de derechos humanos que dan cuenta de la presencia en la región de pequeños grupos armados, integrados por algunos paramilitares desmovilizados. El boletín informativo del Observatorio de Paz y Reconciliación del Oriente Antioqueño del mes de septiembre documentó lo siguiente: “se ha informado que ellos se mueven por la zona con toda tranquilidad con una lista de personas a asesinar por presuntos vínculos con la guerrilla”.

El segundo antecedente está relacionado con los malos tratos que en los últimos dos meses le vienen dando los soldados del Ejército a las comunidades campesinas de la zona de La Quiebra, así como los controles arbitrarios a la compra de víveres y alimentos, situación que ha sido difundida por organizaciones no gubernamentales que trabajan esta subregión del departamento, particularmente en Granada.
“Una vecina mía salió al pueblo a comprar tres pares de botas: una para ella y dos para el esposo. De regreso, el Ejército la detuvo, le preguntó que para qué tantas botas y ella le explicó. A los días pasó el Ejército por la casa de la señora y cómo no la vio usando las botas, le dijeron que si se las había dado a la guerrilla. Ese es el trato que nos dan a diario”, mencionó Alberto*, otro campesino de la vereda.

El tercer antecedente, y el que más preocupa a los pobladores, guarda relación con las circunstancias que rodearon el crimen del líder comunitario. Las versiones recogidas por las autoridades indican que la noche del 17 de septiembre tres hombres que se movilizaban en dos motocicletas ingresaron a la vereda Los Medios por el sector conocido como La Quiebra, ubicado en la vía que comunica a los municipios de Granada y San Carlos.

Lo que muchos se preguntan es cómo pudieron transitar los asesinos con tanta tranquilidad precisamente en una vía que presenta una fuerte presencia de soldados del Batallón de Artillería No. 4 (Bajes) adscrito a la IV Brigada del Ejército.

Asunto reiterativo

No es la primera vez que miembros de la comunidad campesina, como Fabio, son señalados de ser cercanos a la subversión. Él, al igual que los otros dos líderes amenazados y el ya desaparecido Giraldo, comparten un pasado de liderazgo comunitario, señalamientos  y destierro forzado.

En los años en que el conflicto armado arreciaba en el Oriente de Antioquia, cientos de miles de campesinos de toda la subregión se vieron obligados a dejar sus tierras. Se estima que durante los cinco primeros años de la década de 2000, unas 7.000 personas abandonaron las zonas rurales y el casco urbano de Granada, lo que redujo la población de este municipio de 19.000 habitantes a poco más de 11.000.

Muchos de estos desplazados se asentaron en Medellín mientras que otros se refugiaron en las veredas que la guerra convirtió en caseríos fantasmas, como en el caso de Los Medios.

Hasta hace no más de ocho años, esta vereda contó con una población cercana a las 300 familias. En el 2002 se produjo un desplazamiento forzado por presión de un grupo paramilitar que redujo la población a cerca de 30 familias. Años después, desplazados de otras veredas de Granada como La Aurora, La Selva, El Roblal se refugiaron en los Medios. Hoy, el total de familias que allí residen no supera las 60.

Precisamente en el 2003 llegó Fabio a este lugar, huyendo de la violencia en su vereda La Aurora. Su liderazgo y su negativa de tomar partido por alguno de los actores en conflicto, incluido el Ejército, le valieron varias amenazas contra su vida. “El Ejército y los paras decían que yo era colaborador de la guerrilla”.

“La guerrilla mandaba por acá. Ellos llegaban a cualquier casa y pedían agua, comida o, simplemente, entraban a las casas ¿Y quién se atreve a negarse a alguien que está armado?. Luego llegó el Ejército acusándonos de ser colaboradores de ellos, como si nosotros tuviéramos la culpa. Luego llegaron los paramilitares matando a los campesinos y nos tocó irnos”,  señaló Fabio.

El amor al campo y las dificultades económicas hicieron que Fabio se quedara en zona rural del municipio, aún a costa de su propia vida. Pero la guerra fue menguando su intensidad, lo que lo animó a retomar el trabajo comunitario. Los convites para arreglar la vía de acceso que periódicamente es taponada por un alud de tierra, el trabajo en la tienda comunitaria y otro tipo de actividades fueron el pan de cada día de este labriego.

Pero este año las cosas han cambiado. Los rumores de ajusticiamiento a presuntos  guerrilleros y a sus colaboradores que permanecen en la región han ido creciendo con el correr de los días. Lo que se creía un simple comentario malintencionado ya cobró la vida de un reconocido dirigente, miembro además de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores del Oriente Antioqueño (Asoproa).

Lo paradójico es que tanto autoridades civiles y militares como habitantes de las zonas rurales de Granada coinciden en afirmar que “guerrilla por aquí no se ve hace mucho rato”.

Entonces, ¿de donde proviene el rumor y por qué? Nadie sabe con certeza y el desconcierto es general. Muchos comienzan a creer que se trata de una persecución a los líderes comunitarios por parte de nuevas expresiones armadas, que estarían integradas por desmovilizados del paramilitarismo. Por ello, cuando se habla del tema, Carlos es enfático y la comunidad apoya su postura: “Si asesinan a otro de nuestros líderes, nos vamos todos de aquí”.


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