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En sus ojos se puede ver la tristeza y la esperanza al mismo tiempo. La tristeza que produce el hecho de que le arrebataran de su vida a la persona que ama, el hombre con el que soñó llegar a viejitos como ella misma dice, esa persona con la que tenía un hogar, hijas, una vida. Aquel al que un día le juro amor en el altar, al que le prometió estar siempre a su lado, ese compañero que hoy ocho años después sigue buscando, a quien día llamó esposo.

Luz Elena Galeano ha tenido que vivir en carne propia los horrores del conflicto colombiano, ha tenido que experimentar junto con sus dos hijas el vacío que deja la desaparición forzada, ha sido víctima del desplazamiento intraurbano, ha tenido que sufrir amenazas por buscar la verdad, por querer encontrar a su familiar, pero sobre todo ha tenido que resistir una y otra vez las secuelas de esta guerra.

La desaparición forzada es un calvario que se sufre a diario, un duelo que no termina, es estar continuamente en la cuerda floja, entre el sentimiento de esperanza de que el desaparecido llegue otra vez al seno de la familia y la resignación de saber que después de tantos años sin verlo, es muy posible que esté muerto.

Esta mujer de la comuna 13 de Medellín, cuenta como un día la vida le cambió. Un día su esposo Javier no regresó jamás. “Eso fue un martes 9 de diciembre de 2008, a eso de las 6:45 pm que Javier mi esposo me llama y me dice que se encuentra muy cansado, que  ya iba a subirse al colectivo para que tuviera lista la comida, porque tenía mucha hambre. Esa fue la ultima vez que escuche su voz… aquí empecé mi calvario, esa noche pase en vela, me canse de marcarle al celular pero no fue posible comunicarme, siempre se iba a correo de voz, llame a los posibles amigos, ninguno estuvo con él ese día, antes los preocupe. Al día siguiente me dirigí a la fiscalía a colocar el denuncio y me devolvieron porque había que esperar 72 horas, porque según ellos era que “se había pegado la rodadita” pero nada.”

Los dos días posteriores a la desaparición fueron eternos para Luz Elena, indagó entre familiares, amigos, conocidos y vecinos, buscando tan solo una pista de su esposo. Todos los intentos parecían en vano. Pasadas las 72 horas instauró la denuncia en la Fiscalía, pero nada pasaba, Javier no llegaba. “Tarde de la noche me iba a caminar por la orilla del río, pensando que de pronto lo podía encontrar deambulando por esos lados “escopolaminado”… en fin tenía las esperanzas de hallarlo. Así me la pasé durante tres meses seguidos me enfermé y me hospitalizaron varios días a causa del estrés y hemorragia severa.”

Como si el sufrimiento de la desaparición de su esposo fuese poco, Luz Elena fue desplazada de su casa: “Se me juntaron los tres meses de arriendo, y otras deudas, luego el dueño de la casa me mandó a sacar con los de “la banda de la quinta”,  pero yo ya tenía el corazón marchito y sin ganas de vivir.  Les dije - ya desaparecieron a mi esposo, si creen que matándome se cobran la deuda háganlo, pero eso sí, no se atrevan a tocar a mis hijas” Al cabo de unos meses salió de aquella casa y se mudó a otro barrio de la comuna 13, de donde también fue desplazada. Esta vez por amenazas: “Viví en ese otro barrio de la 13 hasta el 15 de agosto del 2012, día en que me tocó salir de la comuna 13 por temor a que le pasara algo a mi hija María Alejandra y a mí. Le decían a la niña, “Dígale a su mamá que se cuide”, cada vez que la veían subir del colegio”

Después de algunos años de llevar esta batalla sola, Luz Elena se acercó a organizaciones de víctimas presentes en la ciudad, y empezó un proceso formativo y de fortalecimiento en materia de Derechos Humanos, hoy considera que es una mujer cada día más fuerte, que le gusta luchar por sus ideales y los de los demás.

Actualmente, Luz Elena hace parte del MOVICE (Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado) y de Mujeres Caminando por la Verdad, un colectivo de mujeres de la Comuna 13 de Medellín que se niega a dejar en el olvido a sus seres queridos, víctimas de Desaparición Forzada, no son presas ni del terror, ni del miedo, mucho menos de la indiferencia. Personas que con la fuerza y la valentía propia de las mujeres, han decidido buscar a sus familiares, que manteniendo el recuerdo vivo de ellos, recuerdo ya no está únicamente en la soledad de sus tragedias, sino que ahora hace parte de la lucha de todas y cada una de las 180 mujeres que hacen parte del grupo. Ellas son ejemplo de solidaridad y resistencia.

En memoria de Luis Javier Laverde,

Desaparecido el 09 de diciembre de 2008 

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