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Foto: Tomada de la web 

El desplazamiento ha sido una de las consecuencias más visibles que ha dejado el conflicto colombiano, con el número de desplazados que ha habido en estas décadas de guerra, se podría poblar una ciudad entera. El oriente antioqueño fue una de las zonas en donde se presentó un alto índice de desplazados a lo largo de estos años. Justo allí en el oriente, en el municipio de Granada, Arelys Gómez vivió este calvario, que deja profundos sentimientos de desarraigo, miedo y abandono. Esta es su historia.

Estos hechos se desarrollaron en el año 2005 en la vereda la Gaviota del municipio de Granada Antioquia, según cuenta Arelys Gómez, los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados eran constantes, pero recuerda que nunca fueron tan fuertes como aquella vez en la que su hermano menor fue una de las víctimas que dejo este enfrentamiento.

Eran las 7 de la noche más o menos, Arelys se encontraba en su casa con sus dos pequeños hijos y su hermano menor Carlos Gómez, “Él vivía con mi mamá en otra vereda, pero ese día había ido a llevarme un mercado que mi mamá me mandaba”, comenta Arelys y continua diciendo “De un momento a otro se empezaron a escuchar unos disparos fuertes, eran seguiditos, yo agarre a mi hijo de un año, lo trate de cubrir con mi cuerpo y contra la cama para que no le pasara nada, las balas entraban por todos los lados de la casa de un lado del otro, era horrible, mi hermanito salió corriendo desde la sala y ahí las balas lo alcanzaron y le destrozaron todo el brazo, desde el hombro”

“Cuando ya pararon los disparos yo me fui a levantar para buscar a mi hermanito y de un momento a otro entraron dos hombres armados, uno de ellos me dijo - “tiene cinco minutos para desocupar la casa” yo me asusté mucho y ni tiempo me dio de preguntar por qué” En ese momento cuenta Arelys, como salió corriendo en busca de ayuda y por el camino se encontró al Ejército, les contó aquella amenaza y que no encontraba a su hermano, acompañada por ellos regresa a su casa “Ellos bajaron conmigo y cuando entraron a la casa vieron un charco de sangre, entonces me dijeron – “Aquí hay un guerrillero”, yo les dijo que no, que solo estaban mi hermanito Carlos mis dos hijos y yo. Empezamos a buscarlos y encontramos aCarlos escondido detrás de la nevera, el brazo lo tenía destrozado. Me dijeron que teníamos que salir rápido porque nos podían emboscar, así que solo agarre los niños y salimos corriendo. Nos montaron en unos caballos y hágale para abajo a buscar la ambulancia que ellos habían llamado”.

Una vez en la carretera principal, Arelys y su hermano Carlos son conducidos a la cabecera municipal donde queda el hospital, pues Carlos debía ser atendido con urgencia o podría morir por la gran pérdida de sangre que presentaba. “Cuando llegamos al Hospital de Granada lo empezaron a atender, pero como lo que tenía era tan grave lo mandaron para Medellín a que lo atendieran, yo me quise ir con él, pero la policía no me dejó” Arelys debió rendir declaración sobre lo sucedido, esa noche se quedó en Granada, pero sabía que corría peligro si alguno de los hombres   llegaba a verla, así que a la mañana siguiente decidió avisarle a su mamá sobre lo sucedido para salir con ella de allí  “Al otro día alguna gente me decía que se habían enterado del enfrentamiento y que pensaban que nos habían matado, yo le mande un mensaje a mi mamá para que bajara con mis otros 3 hijos para irnos a Medellín, le dije que salieran así como estaban porque no teníamos tiempo”

El desplazamiento de Arelys Gómez parecía anunciado, pues los constantes enfrentamientos de los grupos armados presentes en la zona, hacían que asiduamente los campesinos se desplazaran, incluso Granada era también un receptor de cientos de desplazados provenientes de San Carlos en donde se vivía la violencia de manera más implacable. “En el pueblo comentaban como a muchos campesinos de las veredas les había tocado salirse de sus casas, por el miedo que les daban esas balaceras” relata Arelys.

“Cuando llegamos a Medellín nos quedamos en la casa de una de mis hermanas mayores que ya estaba viviendo ahí, nos fuimos a visitar a Carlos y nos dijeron que estuvo a punto de perder todo el brazo, pero que con la cirugía lograron componérselo, a él le pusieron platinas y otras cosas porque el hueso le quedó destrozado, por más de que los médicos lo salvaron hoy en día Carlos no puede moverlo bien, se le dificultan mucho algunas cosas”

Arelys, sus hijos Carlos y su mamá hoy están radicados en la capital del departamento, han sabido reponerse ante la tragedia, pero recuerdan con mucha nostalgia como perdieron todo lo que habían construido en Granada “A la semana que nos salimos de allá, yo le pedí a una de mis hermanas que fuera a la casa a ver que había quedado, por lo menos a recoger la ropa, porque nosotros habíamos salido sin nada, pero ella no pudo recoger nada, todo se lo habían llevado, el ganado, las cobijas, la loza, la ropa. Todo, era empezar de cero”.

Historias como estas en donde se presencian las violaciones a los derechos humanos, lamentablemente abundan en Colombia, las víctimas han decidido en un ejercicio de memoria histórica contar sus versiones, mostrarnos más allá del sufrimiento, el dolor y la desesperanza, que es lo que no podemos permitirnos que vuelva a suceder.

  • Los nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger su integridad. 

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