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Javier Giraldo  tenía 33 años cuando lo mataron, con esta frase Ana Soto Gómez  inicia relatando la muerte de su esposo. “Él era alto, de cabello y ojos negros, muy simpático era un hombre trabajador pero sobre todo me quería mucho, me entendía y aprendió a ayudarme a llevar el dolor de la muerte de mi primer hijo”.

Javier fue una de las víctimas de la vereda la Esperanza, ubicadas entre los municipios del Carmen de Viboral y Cocorná del oriente antioqueño, allí los paramilitares entraron en la zona con la ayuda del bloque proveniente del Magdalena Medio, perteneciente a la misma estructura.” Eso fue un siete de julio de 1996, mi esposo Javier se había ido para Cocorná a hacer mercado, cuando regresó un señor vecino de nombre Carlos Estrada le dijo a Javier que si por favor le enseñaba a manejar, Carlos había comprado una motico. Entonces fueron a guardar el mercado y salieron para enseñarle, cuando estaban en la carretera los alcanzó una camioneta blanca de cuatro puertas y los hizo caer”

La vereda la Esperanza está ubicada por la autopista Medellín Bogotá, durante ese año se cometieron todo tipo de crímenes por parte de los paramilitares en contra de la población, la desaparición forzada fue uno de los hechos que más se vivió en aquella zona, sin embargo la historia de Javier Giraldo es un asesinato a sangre fría.

“Cuando venía enseñándole a manejar la moto una camioneta los hizo caer por detrás; en ese momento en el que se bajaron a recogerla unos hombres bajan del vehículo y agarraron a mi esposo y lo tiraron a la camioneta el otro muchacho que estaba aprendiendo a manejar la moto que se llama Carlos Estrada logró volarse. Lo tiraron a una camioneta, eso fue ahí al frente de la capilla de aquí de la Esperanza, cuando iban pasando por el río Cocorná él se les tiro de la camioneta y se les iba a volar, entonces volvieron y lo cogieron  y lo tiraron otra vez a la camioneta, a él lo pensaban amarrar, pero él se resistió entonces siguieron y más abajo ya llegando a San Vicente, que eso pegado de la Esperanza volvió y se les tiró, él se tiró a una cuneta y  me decía una señora que vive ahí cerca de la carretera en el sector en que lo mataron,  que él decía: -  “a mí no me van a llevar porque yo no he hecho nada, si quieren mátenme porque yo no me dejo llevar.” entonces como vieron que él se les tiraba lo asesinaron”

Javier y Ana tuvieron una hija que para ese entonces tenía apenas seis años de edad, Ana estaba con su hija en la casa cuando vecinos de la vereda llegaron a darle la razón de que su esposo estaba herido, salió corriendo hacía el lugar pero su esposo ya estaba muerto. “A mí me dijeron que lo tenían herido pero cuando lo encontré fue que ya a él lo habían asesinado, entonces empecé  gritar  que por qué le había quitado la vida a mi esposo. Cerca estaban unos soldados, el Ejército estaba cerca de donde el cuerpo de él  y me dijeron con grosería: - “Retírese, retírese abrase de ahí” Entonces les dije que  por qué si es mi esposo y la  otra gente repetía lo mismo, - “no déjela que él es el esposo de ella” En ese momento llego la inspectora de Cocorná y ella dijo porque tenían  que quitarle la vida a este muchacho, y a ella también le respondieron retírese, retírese que nadie puede estar ahí y ella les respondió - “es que yo soy la Inspectora de Cocorná y vengo a hacer el levantamiento” Muchos soldados eran muy groseros con los campesinos”

“Hace un año en diciembre fui a una audiencia de versión libre y allí dijeron que mi esposo estaba sentado de campanero en una piedra y que entonces lo habían señalado de guerrillero y cuando dieron la versión de los hechos mi hija se paró y dijo “eso es mentira porque mi papá estaba era enseñándole a un señor a manejar” moto y esa misma versión la dio Carlos Estrada” durante las audiencias por el asesinato de Javier, los paramilitares en cabeza de Ramón Isaza, acusado por estos casos, han reconocido que este crimen fue una equivocación. “Ellos han dicho que lo que paso con mi esposo fue un error, que mi esposo no era ningún guerrillero, que fue el costeño el que les dio mal la información, pero mi esposo estaba limpio”

Los habitantes de la vereda la Esperanza han sido un ejemplo de organización como víctimas, desde hace 20 años han emprendido la búsqueda de la verdad de los diferentes casos que allí se presentaron. “Yo extraño muchas cosas de mi esposo, su forma de ser, él contaba muchos chistes, era muy agradable estar con él, no era toma trago, era muy trabajador y le gustaban los caballos, las motos y me daba gusto en todo sentido.”

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